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Jueves, 14 de Diciembre de 2017
Agosto 5, 2016 > El Zancudo. (No mata, pero hace roncha)

El PAN y su domingo 7: esto se va a descontrolar

Por Arturo Soto Munguía

Contra lo que pudiera pensarse, el momento más conflictivo de la aventura en que se embarcaron los panistas sonorenses con su elección abierta a la militancia, no será el domingo 7 de agosto, cuando habrán de acudir a las urnas para renovar su dirigencia estatal, sino los días posteriores, para los que nadie ha sugerido siquiera una ruta crítica en la que se junten los pedazos del tiradero que están dejando.

 

En un escenario donde los tres contendientes se dicen ganadores y ofrecen sus propios números para demostrarlo, lo previsible es que sólo haya un gran perdedor y ese es el partido, la institución otrora baluarte de principios democráticos, luchas cívicas, resistencia, oposición a los abusos de un gobierno de partido casi único, en el que terminaron mimetizados.

 

No hay, hasta el momento, una evaluación precisa, un recuento de los daños, una valoración seria sobre el daño que Guillermo Padrés y su camarilla provocaron a ese partido, al que alcanzó demasiado pronto su pasado reciente.

 

Todo lo que está ocurriendo en estos momentos en la elección interna del PAN, entre sus principales actores, tiene relación directa con lo que pasó en los últimos seis años.

 

En el proverbial ladrillo se marearon todos, incluso el que llegó con más fama de ecuanimidad, vocación de diálogo y negociación; capacidad para unificar. Acuerpado por gente como Agustín Rodríguez, Javier Neblina, Teresa Lizárraga, Javier Dagnino, entre otros personajes de la más baja ralea del padrecismo, David Galván no pudo nunca deshacerse del estigma como el candidato del continuismo padrecista.

 

Aun considerando que en los otros dos equipos participan personajes iguales y hasta peores, el tiempo de campaña, los recursos mediáticos y la elocuencia a medio gas, no le alcanzaron a Galván para afianzar la idea de unidad, sobre todo porque los otros dos contendientes fueron suficientemente incisivos a la hora de señalar los dados cargados que desde la dirigencia nacional se jugaron a su favor.

 

Eso llegó a un extremo tal, que ayer fueron tomadas las oficinas del partido (a los bisoños, hay que recordarles que la toma de instalaciones partidistas no es histórica ni inédita; desde los 80 se recuerdan esas prácticas, siempre motivadas por la falta de democracia interna).

 

Las huestes de Adrián Espinoza tomaron el partido ayer, de una forma ruidosa y muy vendible mediáticamente. Protestan porque no los dejaron registrar a sus representantes de casilla, aunque del otro lado, la Comisión Organizadora del Proceso Interno sostiene que no cumplieron con los tiempos establecidos en la convocatoria.

 

Adrián Espinoza se ha convertido en la piedra en el zapato del proceso interno, pues aunque hasta el equipo de Ernesto Munro lo ubique en sus encuestas en el tercer lugar (obviamente, según la encuesta de Ernesto Munro, quien encabeza las preferencias entre los panistas es Ernesto Munro), lo cierto es que está imponiendo agenda con temas bastante delicados acerca de la presunta vocación democrática del panismo.

 

Presunta, digo, porque por ejemplo  ayer le pregunté a Enrique Torres, segundo de a bordo en la fórmula de Ernesto Munró, si en el cierre de la contienda estarían dispuestos a establecer una alianza con el equipo de Adrián Espinoza, considerando que según su encuesta entre ambos reunían el 56 por ciento y eso sería una victoria inobjetable sobre el ‘candidato oficial’, que aparece en esa encuesta con un 36 por ciento, y me dijo que no.

 

Que su alianza era con los panistas y no con los grupos y que ellos eran los únicos que garantizaban la unidad del panismo porque no estaban polarizados y han hecho una campaña limpia y bla bla bla…

 

En el equipo de Munro, desde luego, participan personajes como Javier Alcaraz. Vicente Sagrestano, Carlos Villalobos y algunos otros que se mueven entre las órdenes de aprehensión y los amparos, y que aparecieron al inicio de la contienda, pero fueron convenientemente ‘escondidos’ conforme avanzó la misma ( lo cual es correcto, pues a cualquiera le diera vergüenza recibir esos apoyos).

 

Y lo peor, el telón de fondo de la contienda interna en el PAN no son las propuestas ni las arengas unitarias (aunque suenen huecas), sino lo que parece ser una competencia por demostrar quién de los candidatos es el menos padrecista (por no decir el menos corrupto como una redundancia), y la imposibilidad de deslindarse.

 

Nada menos que ayer, la PGR aprehendió a Roberto Francisco Ávila Quiroga, funcionario de la Secretaría de Hacienda Estatal en aquellos momentos felices cuando todo se podía. Incluso, perdonar más de mil 700 millones de impuestos a empresarios afines a Guillermo Padrés (Javier Gándara es uno de ellos).

 

Y en la polla van incluidos personajes de los tres equipos. A eso me referí cuando decía, al principio de este despacho, que el padrecismo agrupó en su entorno a todos estos que hoy reivindican valores como la democracia, la honestidad, la transparencia, el ejercicio de gobierno pulcro y la ejecución de políticas públicas ajenas a intereses político-electorales.

 

La elección interna en el PAN es un pleito a machetazos en un callejón oscuro. Valiente imagen para quien quiere reivindicarse como opción de gobierno.

 

La línea, desde luego, está trazada desde el CEN. David Galván será el próximo dirigente estatal y ese no es, como se advirtió desde el inicio de este despacho, el principal problema. El verdadero problema es cómo unificar las jaurías que hoy se disputan el control de un partido que en Sonora está chafeando de fea manera, pero que le están vendiendo al panismo nacional, como unos cuantos puntos porcentuales en la contienda por la presidencia.

 

O en contraparte, los puntos que a cualquiera que sea el candidato presidencial del PAN, le va a restar el apoyo de los panistas sonorenses, agrupados todavía bajo la sombra de Guillermo Padrés, del que todos reniegan, pero al que todos aman, porque de una u otra manera, les resolvió parte de su vida.

 

Excepción hecha de los que hoy están en la cárcel, de los que están por caer, y de los que suponen que ganando la elección interna, van a prolongar la impunidad.

 

El domingo siete no va a arder troya; a partir del lunes ocho es cuando se va a saber de qué lado masca la iguana…

 

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