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Miércoles, 16 de Agosto de 2017
Noviembre 11, 2015 > El Zancudo. (No mata, pero hace roncha)

El PAN, huérfano de Padrés, sin liderazgos

Por Arturo Soto Munguía

 

Como era de esperarse, se calentó el debate en torno a lo sucedido en la paramunicipal Agua de Hermosillo, donde según su director Renato Ulloa existe un quebranto financiero que tiene entre sus aristas más visibles una deuda superior a los mil 600 millones de pesos.

 

Por esa razón salió ayer a la palestra el diputado local David Palafox Celaya para exigir una investigación a fondo y castigo para los responsables de esa situación, que coloca al gobierno municipal de Manuel Ignacio Acosta en una situación complicada y con tendencia a empeorar, pues está en puerta un incremento a las tarifas de agua, del 35 por ciento, incluido en la Ley de Ingresos desde 2010 como un costo por tratamiento de aguas residuales en una planta que apenas comenzará a funcionar el año entrante.

 

Del otro lado, salió al quite su homóloga del PAN, Carolina Lara Moreno, quien fuera directora de administración de comercialización en Agua de Hermosillo durante la pasada administración, para calificar de imprecisa y tendenciosa la información dada a conocer por Renato Ulloa, afirmando que ciertamente, el organismo operador en Hermosillo requiere de mucho trabajo, pero no se encuentra en una situación peor a la que tenía cuando ellos lo recibieron de parte de la administración de Javier Gándara Magaña.

 

Por cierto, la legisladora aprovechó para pegarle un rozón al ex candidato panista a la gubernatura, ya que como alcalde resultó beneficiado con recursos extraordinarios hasta por 500 millones de pesos por parte del gobierno federal, que encabezaba Felipe Calderón Hinojosa cuando Gándara Magaña fue alcalde de la capital. Una vez que cambió la titularidad del poder Ejecutivo Federal en 2012, esos apoyos dejaron de fluir y se tuvo que trabajar sólo con los recursos provenientes del cobro a los usuarios.

 

A Carolina Lara se le señala como quien utilizara los programas de descuentos de la paramunicipal, para promocionar su candidatura al distrito VIII, pero ella argumentó que esos programas siempre han existido y el propio David Palafox, siendo regidor, se acercó en muchas ocasiones al organismo operador para gestionar ese tipo de descuentos.

 

El debate en torno a la situación financiera del organismo apenas comienza a subir de tono y, si los cálculos no fallan, eso que representa una discusión por los pesos y los centavos se dirimirá en la mesa de la negociación política debido a una serie de factores de coyuntura que no deben ser desestimados.

 

Nos referimos al caso concreto de Carolina Lara, a quien los padrecistas ubican como un cuadro del ex alcalde Alejandro López Caballero quien, en el contexto de la renovación de mandos estatales en el PAN y en los ajustes de cuentas al interior de ese partido después de la derrota electoral, anda pisando los bordes de la ruptura con lo que queda del padrecismo.

 

Lara Moreno no tuvo entre sus principales enemigos durante la campaña electoral y el litigio poselectoral que terminó resolviéndose a su favor, no a los priistas, sino a los padrecistas, interesados en que no llegar, pues eso significaría perder una posición de mayoría, pero ganar una plurinominal que recaería en uno de los suyos: David Secundino Galván Cázares, que terminó quedándose fuera.

 

Esta es una historia que no se ha escrito, pero sobre la que conviene volver en posteriores despachos.

 

Los panistas se encuentran en una situación complicada, donde los verdaderos villanos parecen ser los padrecistas, cuyas prácticas depredadoras, abusivas y prepotentes derivaron en la derrota electoral, y eso cada vez más panistas lo tienen claro.

 

Ha trascendido que los choques al interior del PAN están a la orden del día y no se descartan deslindes cada vez más claros, cuando no francas rupturas.

 

Como lo mencionábamos en despachos anteriores, un escenario en el que dos diputados del PAN se nieguen eventualmente a acatar la línea de un partido huérfano, abriría la puerta para que el PRI y sus aliados en el Congreso cuenten una mayoría de dos tercios, que pasaría a borrar al PAN-padrecismo del mapa.

 

Los tricolores están en esa encrucijada de ajustar cuentas con la administración de López Caballero, o privilegiar la negociación política en aras de un acuerdo que les permita sacar adelante iniciativas de mayor calado que abran el camino de la gobernabilidad para Claudia Pavlovich Arellano y fortalezcan su legitimidad.

 

No sería ni la primera ni la última vez que ocurriera una negociación de ese tipo y eso incrementa el nivel de nerviosismo entre los padrecistas, hoy por hoy en la mira de la Fiscalía Especial Anticorrupción y hasta de la PGR, con el agravante de que la sociedad sonorense sube de tono sus exigencias para que los responsables del quebranto a las finanzas estatales sean juzgados y condenados, pero además, que devuelvan lo que se llevaron.

 

El asunto no es, ni de lejos, sencillo. López Caballero fue parte de la administración padrecista como secretario de Hacienda y seguramente sus propios correligionarios le tienen guardados varios expedientes que, llegado el momento pueden ser ventilados sin miramientos. Sabido es que las pugnas al interior del PAN suelen ser despiadadas y, ya despojados del poder y las enormes canonjías que éste les brindó, todo se puede esperar.

 

Y si el PRI tiene esa disyuntiva enfrente, los panistas no están peor. Su partido está desarticulado y desmoralizado; con muchos resabios entre la militancia, que en los últimos seis años vio entronizarse a una clase política que nada tenía que ver con los principios y doctrina de Acción Nacional, sino con las ambiciones desmedidas, la insaciable sed de riqueza y un desprecio absoluto por la más elemental observancia de la decencia.

 

Pero eso no es lo peor. En su infinita soberbia, los padrecistas siguen pensando que están en el poder y mantienen operando, al menos en redes sociales, a lo más atrasado de sus improvisados cuadros. Los mismos que atizaron la hoguera del rencor social en la que ardieron Padrés y los suyos el pasado siete de junio, siguen haciendo lo mismo, pensando, en su también infinito pendejismo, que obtendrán resultados diferentes.

 

Los más contentos con ello, desde luego, son los priistas, pues no necesitan ni meter las manos, dejando que los troles de Padrés terminen de martillar los últimos clavos en el ataúd de una alternancia fallida.

 

Incluso los esfuerzos serios que algunos panistas vienen realizando, recorriendo el estado y dialogando con la militancia para analizar lo ocurrido y proyectar la táctica y la estrategia para recuperar terreno, se quedan en calidad de ‘cuchupos’ sectarios que no trascienden a la sociedad civil, ya que ésta lo que observa es sólo la amargura de los que fueron defenestrados del gobierno y no hacen más que lamer sus heridas y rumiar sus frustraciones.

 

Es un hecho: el PAN está huérfano. Ya sin Padrés en el gobierno, Juan Valencia, el dirigente formal está materialmente desaparecido; Eduardo Romero Campa llegó con el estigma del dedazo y, sin liderazgos formales ni reales, los ratones se asumen voceros de esa otrora respetada institución que fue Acción Nacional. Lástima.

 

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