El diccionario de la Cuarta Transformación
Hay quienes dicen que la política se hace con votos. Otros sostienen que se hace con resultados. Pero también hay una realidad innegable: la política se hace con palabras y si son para modificar una percepción mejor.
Quien domina el lenguaje, muchas veces domina la conversación pública.
La llamada Cuarta Transformación no sólo cambió programas, prioridades y formas de gobernar. También construyó un nuevo diccionario político. Un vocabulario propio que sustituyó conceptos tradicionales por expresiones distintas, con una carga política y simbólica muy clara.
Por ejemplo, hoy ya casi no se escucha hablar de sicarios, delincuentes, pistoleros o matones. El término oficial es “generadores de violencia”.
Ya no es la guerra contra el narcotráfico; ahora se habla de construcción de la paz.
Los subsidios se convirtieron en Programas para el Bienestar.
La política asistencial pasó a llamarse justicia social.
Los recortes presupuestales se presentan como austeridad republicana.
Las privatizaciones ahora se describen como políticas del periodo neoliberal, mientras que las inversiones del Estado se presentan como recuperación de la soberanía nacional.
Los apoyos económicos son derechos del pueblo.
Los operativos de seguridad forman parte de una estrategia de atención a las causas.
La Policía Federal desapareció para dar paso a la Guardia Nacional.
Los gobiernos anteriores dejaron de ser simplemente administraciones pasadas para convertirse en el viejo régimen o el periodo neoliberal.
Los opositores dejaron de ser adversarios políticos para convertirse, en muchos discursos, en conservadores.
Y cuando algún medio de comunicación o periodista cuestiona al gobierno, con frecuencia se habla de campañas de desinformación, guerra sucia o prensa conservadora.
No se trata únicamente de cambiar palabras. Se trata de cambiar la manera en que la ciudadanía interpreta la realidad.
Porque no es lo mismo decir sicario que generador de violencia. No produce la misma imagen. No provoca la misma reacción. Tampoco es igual hablar de subsidios que de derechos sociales, ni de recortes que de austeridad republicana.
Cada gobierno construye su propia narrativa. No es exclusivo de la 4T. Antes también existieron términos como daños colaterales, guerra contra el crimen, focos rojos, blindaje electoral o reasignación presupuestal.
La diferencia es que pocas administraciones habían logrado que su nuevo vocabulario se instalara con tanta rapidez en conferencias de prensa, comunicados oficiales, entrevistas y hasta en buena parte de los medios de comunicación.
Las palabras nunca son inocentes. Definen prioridades, moldean percepciones y, muchas veces, terminan influyendo en el debate público.
Por eso vale la pena preguntarnos: ¿cambiar el nombre de los problemas cambia la realidad, o sólo cambia la forma en que hablamos de ella?
Antes teníamos apagones de CFE; ahora se habla de interrupciones del suministro eléctrico, suspensiones temporales del servicio o afectaciones al sistema.
Ya no hay crisis, hay retos.
Ya no existen problemas, sino áreas de oportunidad.
Porque en la política, las palabras también gobiernan.
Cambiar el nombre de las cosas no siempre cambia la realidad, pero sí puede cambiar la percepción de millones de personas.
Al final, los ciudadanos no viven de los discursos ni de los eufemismos. Viven de los resultados.
Y esos, por más que cambien de nombre, son los que terminan escribiendo la verdadera historia.
En Sonora el calor derrite el asfalto… y también las simulaciones sobre todo políticas. Tarde o temprano, la realidad termina alcanzando cualquier discurso.
Serán algunas entregas de este tipo de material, es interesante dejarlo plasmado
Mas información en www.elchiltepin.mx y en las redes sociales








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