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Miércoles, 27 de Mayo de 2020
Internacional   -   Abril 4, 2020

Ha muerto Luis Eduardo Aute a los 76 años

el chiltepin

El músico y cantautor español Luis Eduardo Aute murió este sábado en un hospital de Madrid a los 76 años.

 

En 2016 había sufrido un infarto que lo apartó de los escenarios.

 

Aute fue, es y será un ícono de la música y de la poesía. Autor de canciones memorables, grabó un disco en vivo con Silvio Rodríguez que está entre las joyas más relucientes de la canción en español.

 

El fallecimiento de este artista sin igual causa mucho pesar en toda la cultura hispanoamericana.

 

Nació en 1943 en Manila, en plena contienda de la Segunda Guerra Mundial. La ciudad se hallaba devastada por los combates entre las tropas filipinas y los invasores japoneses, que perpetraron todo tipo de masacres.

 

Aquel niño llamado Luis Eduardo Aute, que estudiaba inglés en la escuela, hablaba español en casa y tagalo en la calle, creció rodeado de catástrofe.

 

Hijo de padre catalán y madre filipina, hija de españoles, al pequeño le gustaba refugiarse en el dibujo y el cine (con el tiempo, hasta dirigió una película de animación dibujada por él, en 2001: Un perro llamado Dolor), pero eso no quitó para que hiciese mucha vida en la calle cuando, acabada la gran guerra, la ciudad intentó recuperar el pulso y reconstruirse con ayuda del dinero estadounidense.

 

En Manila aprendió a ser un joven inquieto, aunque retraído y tímido, un chico al que con 11 años Madrid le pareció una urbe gris y triste, mojigata y monacal, cuando su familia se mudó a vivir a España.

 

La última fábula que le gustaba contar a Aute tenía como protagonista un girasol insumiso. Lo hacía llamar el Giraluna, un girasol que, a diferencia del resto, decidía no agachar la cabeza por la noche y aguardaba la llegada de la Luna.

 

Cuando el cielo se fundía en negro, este girasol conocía la Luna y las estrellas y, bajo el efecto de esa luz pura en plena oscuridad, era recompensado con una sagacidad y lucidez especiales por su fe, curiosidad y criterio propio.

 

El Giraluna, ese elemento disidente y diferenciador entre la caterva, podía ser el propio Aute, el juglar político, el cantautor de inmensas canciones de amor, el poeta de lo cotidiano, el artista plástico, el amante del cine, el sutil soñador y el anciano de verbo perspicaz e indignado por los desajustes de un mundo siempre desajustado.