Mircoles, 22 de Abril de 2026
Abril 22, 2026 > El Chiltepin

En la capital sonorense, el horno no está para bollos… y menos para simulaciones

Por El Chiltepin

Abril y mayo llegaron con todo: conflictos, protestas y una clase política que, en lugar de apagar incendios, parece empeñada en echarle más gasolina. Ahí está el caso más delicado: la huelga en la Universidad de Sonora. Más de 50 mil estudiantes en pausa, atrapados entre dos sindicatos que exigen lo justo mejores condiciones salariales y contractuales y una rectoría que, como ya es costumbre, se esconde detrás del escritorio esperando que papá Gobierno venga al rescate.

 

Porque así ha sido siempre: cuando truena la máxima casa de estudios, el problema termina en Palacio de Gobierno. Y mientras, la comunidad universitaria pagando los platos rotos. Aquí la pregunta es directa: ¿hasta cuándo la autonomía será pretexto para la inacción?

 

Pero el desorden no termina ahí.

 

En Hermosillo, madres y maestras de estancias infantiles y guarderías se plantaron y con razón en el Congreso del Estado. Al menos doce horas de “clausuraron” simbólicamente, puertas cerradas, sesiones retrasadas y una presión social que ya no cabe debajo de la alfombra. Los diputados, como pudieron, lograron sesionar entrada la noche para sacar la agenda, incluida la CRIP, pero el mensaje ya estaba dado: la calle está hablando… y fuerte.

 

Eso sí, el cierre del movimiento dejó un detalle que no se puede ignorar: el daño físico a instalaciones, específicamente en la oficina de la presidenta del Congreso, Alejandra López Noriega. La protesta es legítima, pero cuando cruza la línea de la legalidad, pierde fuerza moral. Así de claro.

 

Y para rematar el cuadro, más tensiones en puerta: El Staus cerrará simbólicamente la sede del Poder Judicial, quienes se quejan su derecho a huelga y el actuar de los tribunales laborales. Es decir, Sonora vive una cadena de conflictos donde todos piden… pero pocos proponen soluciones de fondo.

 

En medio de este clima, los únicos respiros vienen del lado social y festivo. Arranca la Expo Ganadera, ese escaparate donde el sonorense se reencuentra con sus raíces, su gastronomía y su músculo productivo. Y también se anuncia la tradicional “Fiesta del Pitic”, que más allá del espectáculo, ya empieza a oler a despedida política.

 

Porque no es secreto: el alcalde Antonio Astiazarán se perfila para el 2027. Y este tipo de eventos, aunque institucionales, también son vitrina. La pregunta no es si va a competir… sino cómo va a llegar.

 

Ahora, súmele un ingrediente nacional que va a cambiar el tablero: Morena movió piezas en su Comité Ejecutivo Nacional. Llegó el ala dura, la gente más cercana a la Presidencia, los que no vienen a negociar… vienen a ganar.

 

¿Traducción? Centralización total.

 

Las decisiones clave candidaturas a gubernaturas, diputaciones federales y municipios estratégicos— se van a cocinar en el centro del país. A los estados les dejarán poco margen de maniobra. La famosa encuesta, ese instrumento que Morena presume como democrático, será otra vez el filtro… y también el arma política más eficaz para legitimar decisiones ya planchadas.

 

En ese escenario, Sonora no es la excepción.

 

Aquí la baraja se empieza a cerrar y los nombres ya suenan con más fuerza: Javier Lamarque o Lorenia Valles. Esa podría ser la apuesta… o al menos eso dejan ver las señales. Pero ojo: en Morena, lo que parece seguro hoy, mañana cambia con una llamada desde la Ciudad de México.

 

Y mientras tanto, el gobernador Alfonso Durazo ya tomó una decisión estratégica: se queda en Sonora y va a operar directamente la elección del 2027. Nada de delegar. Nada de confiarse.

 

Durazo sabe que su legado se juega en esa elección. Y también sabe que, con el nuevo reacomodo nacional, necesitará más que cercanía política: requerirá control territorial, operación fina y disciplina interna. Porque si algo caracteriza a Morena cuando hay poder en juego… es que las divisiones internas pesan más que la oposición.

 

Los aspirantes de todos los colores andan desatados. Se dan con todo, pero por debajo de la mesa. Fuego amigo, guerra sucia, codazos disfrazados de sonrisas. Y lo más preocupante: creen que en unos meses van a construir lo que no hicieron en años

 

La política no se gana en redes sociales ni con apariciones oportunistas. Se gana en la calle, en la colonia, en el cara a cara. Con constancia, no con desesperación. Porque ese nerviosismo que hoy traen varios… huele más a miedo que a estrategia.

 

Y del otro lado, la oposición… ni sus luces.

 

Caballada flaca, sin figuras, sin estructura y peor aún: sin narrativa. Nadie quiere entrarle porque ya sienten la derrota antes de arrancar. Así, difícilmente van a competirle a nadie. La pregunta es obligada: ¿de verdad no hay perfiles ciudadanos, empresariales o sociales con credibilidad que quieran dar el paso?

 

Porque si no salen, esto se va a definir entre los mismos de siempre… pero ahora, con instrucciones desde el centro.

 

Cierro con un consejo que vale oro en estos tiempos: bajen el volumen, suban el trabajo. La gente no es ingenua. Sabe quién cumple y quién simula. Y en 2027, el voto puede ser más frío… y más diferenciado de lo que muchos creen.

 

Esto apenas empieza.

 

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