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Martes, 11 de Mayo de 2021
Marzo 2, 2021 > Rastrillando

México construyendo el futuro…Igual, sembrando vida…

Por Mario Mungua

Al territorio nacional alguna vez se le llamo el cuerno de la abundancia; a Sonora el granero de México.

Nos sentíamos orgullosos cuando en el discurso del presidente y el gobernante hacía referencia “al cuerno y al granero” y que en cada región,dijera que el pueblo (ciudadano) era esencial para que esto sucediera.

Este hermoso país ha pasado por episodios buenos y malos, desde antes de la llegada de los hombres barbados; eran tiempos de poca población; de pocos caminos que unieran el inmenso territorio; de poblados dispersos y aislados; pero, eso era motivo de los cacicazgos territoriales que con el pasar de los tiempos, unos han prevalecido, otros, han sucumbido bajo la espada del colonizador (peninsular y europeo).

Pero los mejicanos (en minúscula y J de jodidos) hemos sobrevivido –me incluyo- al momento (tiempo) que nos ha tocado estar presentes. Pero, el destino nos alcanzara en algún momento, así es la subsistencia de cada hombre y mujer que habita este planeta.

Este 2021 el gobierno en funciones, ha programado “celebraciones históricas”: 200 años de la consumación de la Independencia, 500 años de resistencia indígena y 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán. Es el  “Año de la Independencia”, es “La cuarta transformación” dicen.

Cierto, los mejicanos celebramos hasta “La muerte”.

Nos autonombramos la Raza de bronce (en realidad es una novela del escritor Alcides Arguedas, que llegó a constituirse como la primera obra indigenista en el ambiente literario boliviano), y Vasconcelos nos nombró La raza cósmica. El señor López, el presidente nos llama “pueblo sabio”.

Lo cierto es que somos mexicanos unos, mejicanos otros.

En este contexto de “mejicanidad”, de siempre han sido utilizados –por los gobernantes, caciques y políticos- aquellos que en el discurso son considerados “los más vulnerables” y, son ellos los desplazados de sus pueblos y tierras y, de alguna manera podemos decir esclavizados.

Son la “mano de obra especializada” en los campos agrícolas, en las minas, en los hogares de la clase media y alta, son los que realizan los trabajos pesados en la construcción de carreteras y edificios. Todos contratados “a destajo”, sin las garantías que marcan las leyes mexicanas.

Por eso muchos migran en busca del sueño americano; unos lo han logrado, muchos sobreviven en su búsqueda. Muchos han muerto en el intento. Lo cierto es que los mejicanos están capacitados para trabajar en cualquier lugar y condiciones.

Cuenta la historia reciente que unos 4 o 5 millones mejicanos –jóvenes en aquella época- participaron en el Programa Bracero,  entre 1942 y 1964. Empalme, Sonora,  funciono un centro de contratación en México para el Programa Bracero; era básicamente la contratación de campesinos para trabajar en algún campo de Estados Unidos.

Su antecedente fue en 1909 con el Presidente Porfirio Díaz, que en el último año de su mandato, y el Presidente de Estados Unidos William H. Taff, firmaron un convenio para “la exportación” de 1,000 trabajadores que deberían ir a laborar a los campos de betabel.

Está documentado que en México el salario por el mismo trabajo era de cinco pesos por jornada de ocho o diez horas al día. A los braceros, así los nombro el gobierno de México y Estados Unidos, les ofrecieron un dólar –el cambio era de 12.50 pesos mexicanos por dólar-  por hora.

En aquel contrato leonino pero que aparentemente era bueno para el bracero, aún hoy en día, los sobrevivientes luchan porque se les pague una cantidad no devengada pero si “contratada”.

 El gobierno mexicano impuso a los braceros, la obligación “a realizar un ahorro del 10% de sus salarios en bancos norteamericanos Wells Fargo y Union Trust Co., de San Francisco, que a su vez serían depositados en el Banco Nacional de Crédito Agrícola de México. Este acuerdo funcionó de 1943 a 1949, en 1943 se recaudaron 11.6 millones de dólares y se devolvieron 2.6 millones”.  Jones, Robert C. (1946)

Francisco Indalecio Madero una vez dijo sobre las pésimas condiciones de vida y trabajo de los migrantes, cito: ”La situación del obrero mexicano es tan precaria que a pesar de las humillaciones que sufren allende el Río Bravo, anualmente emigran para la vecina República millares de nuestros compatriotas, y la verdad es que su suerte es por allá menos triste que en su tierra natal”.

Pero bueno, el punto es qué el presidente Andrés Manuel López Obrador propondrá a su homólogo de Estados Unidos, JoeBiden, un acuerdo similar al Programa Bracero, para que migrantes mexicanos y centroamericanos laboren en ese país por la vía legal.

“Vamos a tratar este asunto, dijo: ‘Ustedes van a necesitar para crecer y producir trabajadores mexicanos y centroamericanos, vamos mejor ordenando el flujo migratorio, legalizándolo para darle garantía a los trabajadores, que no arriesguen su vida, que se protejan los derechos humanos”. ¿Será la solución? Pregunto.

La esclavitud en México ha sido tema de líderes y gobernantes desde el siglo XVIII; han existido leyes y decretos desde la abolición de Hidalgo en 1810, la de Vicente Guerrero en 1829 y de la ley de 1837. Pero, aún hoy en día, se ha demostrado que la esclavitud, en muchas regiones del país, sigue existiendo, particularmente en la indígena; solapada en la corrupción e impunidad.

Pero mejor a’i se las dejo…sigo siendo esclavo de mi propio destino…¡¡¡SARAVAH!!!