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Domingo, 17 de Diciembre de 2017
Septiembre 26, 2017 > Café Amargo

Una tragedia convertida en subasta

Por Javier Quintero

 

Esto no es una subasta política para ver quién da más y quién gana más votos. El sismo de hace una semana, que ha dejado más de 330 muertos, es una emergencia en la que millones de mexicanos solidarios ya están trabajando, sin la intromisión directa de la clase política. 

 

Pero los dirigentes de los partidos y algunos allegados han insistido en hacer de la tragedia su modo de supervivencia. Primero Andrés Manuel López Obrador, con Morena al frente, que propuso destinar el 20 por ciento del financiamiento público a los damnificados. El PRI y su dirigente Enrique Ochoa Reza respondieron que mejor sea el 25 por ciento. El Partido Verde anunció que renunciaba inmediatamente a 85 millones de pesos para apoyar la reconstrucción de las zonas afectadas. Movimiento Ciudadano, PAN y PRD se fueron más alto en la puja y renunciaron a todo el dinero que les tocaba.

 

Entonces el PRI, al ver que se estaba quedando chiquito, salió a decir que inmediatamente renunciaba también al cien por ciento del financiamiento público que le correspondía durante el resto del año, unos 258 millones de pesos, y le añadió unas propuestas para eliminar diputados y senadores plurinominales para que no le cuesten más al país.

 

La tragedia se ha convertido en subasta en el momento en el que los ciudadanos se han dado cuenta que ahora ningún político es necesario, que estorban, que algunos son la causa de que colapsaran los edificios porque forman parte de una cadena de corrupción que permitió construcciones sin cumplir las normas específicas, como la escuela Enrique Rébsamen, donde una veintena de niños murió y en cuya azotea la directora había construido su casa, o como en dos edificios colapsados que fueron construidos por ingenieros que están en la nómina del gobierno de la Ciudad de México.

 

Esto no es una subasta, es una tragedia de magnitudes atroces, y tampoco es un hecho de la naturaleza por sí solo, sino de corrupción, de edificios construidos en el aire que se fueron desmoronando con la fragilidad de un mazapán. Lo que pasó aquí el martes es la gota derramada de un vaso lleno de podredumbre que le provoca náuseas a la gente.

 

La gente ya no les cree a los partidos políticos ni a sus buenas intenciones, si es que estas existieran, así que renunciar a cientos de millones de pesos no provoca nada en la sociedad, sólo coraje. Si bien la democracia en la que vivimos amerita que una parte de los recursos públicos mantenga a los partidos políticos, esta es una práctica que tiene hartos a los mexicanos porque ellos, los partidos, no funcionan, no cumplen con su misión de servir a la sociedad.

 

Que renuncien a todos los millones que legalmente les corresponden, pero que moralmente no se merecen. Que reduzcan la cantidad de legisladores. Que hagan lo que quieran.

 

El martes pasado, los mexicanos se transformaron, fueron sacudidos no sólo de manera literal, sino también figurativa. Los mexicanos, a partir de entonces, son otros y seguirán levantando el puño en señal de solidaridad por los muertos y en señal de lucha contra la clase política. Y, ojo, millones de jóvenes también están levantando el puño.

 

 

*El autor es un comunicador originario de Sonora, becario de la Fundación Prensa y Democracia. Estudió Escritura Creativa en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido reportero, editor y director en periódicos, radios y medios digitales. Twitter: @quintero_javier