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Domingo, 17 de Diciembre de 2017
Septiembre 25, 2017 > Café Amargo

La fe es más fuerte en Álvaro Obregón 286

Por Javier Quintero

 

Martín Estrada lleva un cubrebocas blanco y un chaleco fluorescente por si es necesario sumarse como rescatista voluntario. Ha estado durante cinco días enteros a unos metros del edificio de oficinas que colapsó en Álvaro Obregón 286, en la Hipódromo Condesa, a la espera de noticias de su hijo, que se llama igual que él. 

 

Las horas, a pesar de que son muchas, han pasado muy lentas para Martín Estrada, que se aguanta las ganas de llorar cuando levanta una cartulina en la que pide el cuerpo de su hijo, resignado al peor panorama al que puede enfrentarse un padre.

 

Es uno de los familiares de las 46 víctimas que quedaron sepultadas bajo los escombros, desde el sismo del martes a la 1:14 de la tarde. Junto a él está Verónica García, cuñada de Jonathan Escamilla, a quien sus hijos esperan que vuelva a casa. El más grande se dio cuenta de lo que pasaba porque ha estado atento a las noticias, pero los más pequeños saben que su papá se quedó encerrado en un cuarto y que mucha gente está tratando de abrir la puerta.

 

Y también está Lidia Albarrán, tía de Karina Albarrán, una joven de 34 años que intentó comunicarse desde su celular cuando se cayó el edificio de seis pisos, pero con quien no han tenido comunicación desde entonces. Lidia se siente angustiada al imaginar que toneladas de concreto y varilla están encima de su sobrina, pero mantiene la esperanza de que la rescatarán con vida.

 

En un poste de la luz hay una cartulina en la que se recuerda que durante el sismo de 1985 se rescataron personas con vida 15 días después. Hasta hoy lunes a la 1:14 de la tarde se cumplirá el sexto día apenas.

 

Mientras que en otros derrumbes ya retiraron cadáveres y escombros y han quedado los terrenos huecos y sombríos, en Álvaro Obregón 286 está a la vista un acordeón de concreto, sándwiches enganchados unos sobre otros, de piso a techo, con decenas de personas adentro, detectadas por perros y aparatos que miden el calor corporal.

 

Juan Carlos Peñas, capitán de la Unidad Militar de Emergencia de España, que se sumó a las labores de rescate, dice que es un trabajo muy complicado, pues cada vez que se decide mover una pieza de concreto hay deslizamientos e inseguridad para los rescatistas. Por ejemplo, quitar una losa de 30 toneladas puede tomarles hasta cuatro horas.

 

Por eso la percepción popular es que los trabajos avanzan muy lentamente. Hay personas atrapadas en cada piso del edificio colapsado y están haciendo el esfuerzo de llegar a todas, pero no se sabe cuánto tiempo más sea necesario.

 

Ahí, debajo de una lona, están sentados todos los familiares a la espera de noticias y están molestos porque durante casi 30 horas no supieron nada y les han impedido participar en las labores de rescate y remoción de escombros. Pegada en un poste está otra cartulina que tiene los nombres de 28 personas que han sido rescatadas, pero desde el sábado no se le adiciona una más.

 

 

 

*El autor es un comunicador originario de Sonora, becario de la Fundación Prensa y Democracia. Estudió Escritura Creativa en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido reportero, editor y director en periódicos, radios y medios digitales. Twitter: @quintero_javier