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Jueves, 19 de Octubre de 2017
Septiembre 20, 2017 > Café Amargo

La solidaridad de México superó la tragedia

Por Javier Quintero

 

La ayuda llegó rápido. El sismo ocurrió a la 1:14 de la tarde del martes y al minuto siguiente había civiles apoyando en los edificios colapsados o dirigiendo el tránsito porque los semáforos se apagaron. Ayudaron mientras llegaron los expertos.

 

El sismo unió a todos en esta gran ciudad en la que confluyen razas y creencias. La solidaridad nació en medio del terror que provoca ver edificios caer encima de las personas y anuncios espectaculares desplomarse sobre los autos y sus conductores.

 

Durante la noche y madrugada continuaron las labores de rescate de personas y remoción de escombros y así salió el sol para iniciar otro día quitando piedras y ladrillos, guardando silencio para escuchar voces de personas atrapadas, como una niña estudiante de la escuela Enrique Rébsamen, al sur de la Ciudad de México, que alcanzó a pedir agua, pero seguía atorada bajo los escombros.

 

Los civiles y su solidaridad sirvieron de mucho. Los que no hacían labores de rescate se dedicaban a reunir víveres en centros de acopio o a repartir agua y comida. Otros donaban a la Cruz Roja o se presentaban personalmente en las zonas de desastre para preguntar si necesitaban apoyo.

 

Pero al mediodía del miércoles la ayuda solidaria había superado todas las expectativas. En los edificios colapsados se contaban por centenares las personas que estaban listas para ayudar, aunque solamente esperaban alguna instrucción porque otros cientos que llegaron antes ya estaban trabajando.

 

Por redes sociales se avisaba que ya no se acercaran a las zonas de desastre, que ya no era necesaria la ayuda, que mejor hicieran donativos en especie o económicos a la Cruz Roja, la instancia que más confianza genera. Además, las calles deberían estar libres de vehículos para que las unidades de socorro maniobraran con facilidad. Ayuda había bastante.

 

La Cruz Roja pidió que la gente apoyara con alimentos ya preparados. Así, desde Polanco trasladaba los paquetes de comida para los socorristas, los topos, los bomberos y los voluntarios que trabajaban en la remoción de escombros. Era lo más que se podía hacer.

 

Aunque fue un sismo desastroso, no lo fue tanto como el de 1985, exactamente 32 años atrás. En aquel entonces hubo miles de muertos nada más en la Ciudad de México. En este van más de 200 y más de 40 edificios colapsados, así que la ayuda infinita de los solidarios ciudadanos se vio rápidamente rebasada.

 

De entre toda esta tragedia me quedo con la bondad de los mexicanos y de los extranjeros que se sumaron a las labores de rescate, me quedo con los abrazos virtuales que enviaron vía redes sociales desde todas partes del mundo, en señal de solidaridad, y me quedo con la fuerza que ha demostrado el país ante este golpe duro y directo de la naturaleza.

 

 

 

*El autor es un comunicador originario de Sonora, becario de la Fundación Prensa y Democracia. Estudió Escritura Creativa en la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido reportero, editor y director en periódicos, radios y medios digitales. Twitter: @quintero_javier