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Jueves, 19 de Octubre de 2017
Septiembre 15, 2017 > El Mentidero

Tambores de guerra en Hermosillo, otra vez

Por Cornelio Montaño

+ Tambores de guerra en Hermosillo, otra vez

+ Persiste la tensión en territorio yaqui

 

Esta semana volvieron a retumbar los tambores de guerra en Hermosillo, entre el Ayuntamiento que encabeza el alcalde Maloro Acosta y el Sindicato de Trabajadores y Empleados de la Comuna, por el asunto de la recolección de basura y las horas extras.

 

Los también llamados “Tirabichis”, por órdenes de su líder sindical Salvador Díaz Olguín, pararon sus labores a las 16:00 horas del pasado miércoles y dejaron de recoger la basura en los domicilios ubicados en alred4dor de 30 rutas, con el argumento de que no había vehículos en buenas condiciones y que la Dirección General de Servicios Públicos del Ayuntamiento no les está pagando las horas extras como debería ser.

 

En respuesta, el secretario del Ayuntamiento, Julio César Ulloa Girón, advirtió que el Municipio “no será rehén de los caprichos de una dirigencia sindical” y no permitirá que los servicios a que tienen derecho los hermosillenses se afecten por intereses políticos de grupos.

 

Pero el Secretario del Ayuntamiento fue más allá y prácticamente acusó que los reportes de múltiples averías en los carros en los últimos días, pudieran tratarse de descomposturas intencionales como parte de una estrategia de boicot contra el servicio de recolección y por lo tanto contra los hermosillenses.

 

El señalamiento es grave y veremos qué explicación puede dar el dirigente de los trabajadores sindicalizados, Salvador Díaz.

 

La deuda de Hermosillo va como bola de nieve

 

Ahora entiendo el motivo de que el alcalde Manuel Ignacio “El Maloro” Acosta Gutiérrez haya decidido no llevar a cabo como en años anteriores el faraónico evento del Segundo Informe de Gobierno, ese tipo de evento inútil que se ha estilado en años pasados.

 

El argumento es que se tiene que ser austero y economizar recursos para cosas más importantes que requieren los hermosillenses.

 

Pues resulta que el Ayuntamiento de la capital de Sonora sigue de capa caída en materia de recaudación presupuestal y para acabarla de amolar incrementándose la deuda de manera exponencial, al grado de ser en este momento el segundo municipio más endeudado del país.

 

De acuerdo con datos de la Secretaría de Hacienda reportados por el Centro de Estudios de las Finanzas Públicas (CEFP), Hermosillo presenta una deuda de 2 mil 213.7 millones de pesos al segundo trimestre del 2017, que resulta un 30.8% mayor a la deuda pública que se reportó al cierre del primer trimestre del año y que ascendió a mil 692.2 millones de pesos.

 

Sólo el municipio de Tijuana tiene una deuda pública mayor a la de Hermosillo, mientras la capital sonorense resultó con más pasivos que ciudades como Guadalajara, Monterrey, León, Benito Juárez (Cancún), Mexicali y Zapopan.

 

En cuanto a deuda per cápita se refiere, es decir dividiendo la deuda del municipio entre la cantidad de habitantes, Hermosillo y Nogales están empatados en el quinto lugar nacional, seguidos de Guaymas en el sexto; pero Agua Prieta se encuentra en el segundo nada decoroso lugar.

 

Estás cuatro ciudades sonorenses están entre los siete municipios con mayor deuda per cápita del país (2 mil pesos o más por habitante), y aquí son tan responsables los pintos como los colorados, porque Hermosillo es gobernado por el PRI, pero Guaymas, Nogales y Agua Prieta son gobernados por el PAN.

 

Además, al Maloro le antecedieron gobiernos panistas y a los otros alcaldes del PAN (Nogales, Guaymas y Agua Prieta) les antecedieron gobiernos del PRI. Así que la responsabilidad de las malas administraciones es compartida.

 

Persiste la tensión en territorio yaqui

En el conflicto que se vive desde junio del año pasado por la construcción del Gasoducto Aguaprieta por tierras yaquis, está lejos de resolverse, los ánimos permanecen muy calientes, y ojalá no estallen en la víspera del segundo informe de gobierno de Claudia Pavlovich.

 

Un nuevo estallido de violencia en la región de Loma de Bácum, donde se ha mantenido una férrea oposición de ese pueblo a que el gasoducto pase por sus tierras, sería catastrófico para las buenas cuentas que estaría rindiendo hasta hoy la Gobernadora Pavlovich de sus dos años de gestión.

 

Con todo y que siete de los ocho pueblos yaquis sí estén de acuerdo con la construcción del gasoducto a través de sus tierras, esto no es un asunto de mayorías.

 

Así fuera una sola familia la afectada por la obra, los tribunales siempre le darán la razón. Y en este caso no es una sola familia, es el pueblo entero de Loma de Bácum que considera de alto riesgo para su población al gasoducto.

 

La empresa sigue jugando con fuego al incurrir en desacato de un amparo que les concedió el Juzgado Séptimo de Distrito a los yaquis de Loma de Bácum.

 

Nadie niega la importancia que tiene para el desarrollo económico de Sonora y de Sinaloa este gasoducto. Pero la Constitución Mexicana ampara a esos yaquis que se oponen y por esa vía no van a vencerlos. Tendrán que negociar con la etnia y alejar lo más posible de la población esa tubería.

 

Esta semana se publicó un desplegado en el que los gobernadores de los siete pueblos que están a favor del gasoducto le exigen al Presidente de la República y a la Gobernadora de Sonora, justicia y aplicación de la ley en contra de integrantes de Loma de Bácum.

 

Por su parte el Juzgado Séptimo de Distrito le dio otro revés a la empresa constructora del gasoducto y le prohibió entrar a territorio indígena y que no puede seguir con la obra citada.

El asunto se pone cada vez peor. Veremos si hay imaginación de empresa y autoridades para darle una buena salida.

 

Hasta la próxima, cuídense y sean felices.

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