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Lunes, 20 de Noviembre de 2017
Junio 2, 2017 > Rastrillando

¿Por qué quiero ser Cronista de mi municipio Hermosillo?

Por Mario Munguía

Es la pregunta qué me hago y me hacen los que simpatizan con mi participación en esta convocatoria.

 

Nací un 15 de agosto de 1951, en la esquina de la calle Tamaulipas y Novena, a una cuadra del Cine Arena, en el barrio de la Cinco de Mayo, aquí en Hermosillo. Mi madre, doña Margarita, es hija de doña Elvira Murillo, la que fundo en 1936 el Café Elvira en el mercado municipal, mi padre Francisco, trabajo en Recursos Hidráulicos, y también fue “brasero”; tengo dos hermanas y tres hermanos. Me matrimonie con la Carmina, la hija de don Humberto Rodríguez y doña Elena, él, instalo el primer servicio de lavado y cambio de aceite de la pujante ciudad en la esquina de la Yucatán (hoy Colosio) y Guerrero, cerca del Cine Sonora y el Jardín Juárez; de mi matrimonio nacieron tres hijos y ellos me han dado, hasta ahorita, dos hermosos nietos.

 

En los inicios de mi adolescencia, leí un libro que contenía varias historias, una de ellas cuenta un safari por las estepas africanas, ahí menciona la tribu de los Masáis que aún viven en Kenia meridional y en Tanzania septentrional, aún conservo el libro que fue publicado por Selecciones de Reader'sDigest.

 

Fue aquel momento, cuando mi interese en las tribus indígenas, ya conocía a los Seris porque mi padre me llevaba a la costa cuando iba a inspeccionar los pozos de los campos agrícolas y solíamos pasar la noche en Bahía de Kino donde existía un campamento Seri; los escuche hablar, vi a Chico Romero y su fiel escudero Roberto Thomson quién fajaba en su cintura una pistola, ambos eran altos y traían el pelo largo trenzado.

 

Mi padre, aprovechaba el viaje de dos o tres días recorriendo la costa y levantábamos la leña seca de mezquite o palo fierro, cazábamos liebres y conejos y, si se atravesaba una tortuga la “levantábamos”. En uno de esos recorridos, me encontré mi primera punta de flecha, observe tepalcates, “manos”, hachas y molcajetes.

 

Por eso me gusta la arqueología; estudie y trabaje en importantes proyectos con instituciones y arqueólogos de reconocida trayectoria. Así como en proyectos de historia regional de donde coordine el suplemento Voces del Desierto del periódico El Independiente, de donde salieron 29 libros de historia local y regional.

 

Durante casi 15 años estuve encargado de la Sala de Arqueología de la Universidad de Sonora, y si usted lo visita, vera la exposición que organice en febrero de 1983 sobre las diferentes etapas históricas del noroeste, incluidas las momias de Yécora. Ahí sigue presente mi mano y creatividad.

 

Incursione en radio y televisión, siempre con temas históricos-ecológicos y, mis “columnas” periodísticas siempre tienen contenido de historias urbanas y personajes del viejo Hermosillo como contexto del Hermosillo de ayer a lo que hoy vivimos.

 

¿Por qué quiero ser Cronista de mi municipio? Simple, siempre lo he sido porque siempre he vivido la historia de mi barrio, conozco y convivo a diario con personajes que dan vida a la ciudad, camino por sus calles y veo lo que se está perdiendo, pero también lo que está cambiando la fisonomía urbana y, con ello, una nueva historia que contar.

 

Existe un legado muy importante de crónicas de Hermosillo, desde La Cohetera, mi barrio de Moises “El Cuervito” Zamora; Fernando A. Galaz con Dejaron Huella en el Hermosillo de Ayer y de Hoy; doña Dolores Real de López  Casos y Cosas de mi Tierra; Don Gilberto Escobosa Gámez Crónicas Sonorenses; Enrique Contreras Sierra Cosas Viejas de mi Tierra; y otras y otros que han contribuido a que la memoria colectiva, el lado humano de la ciudad no se pierda.

 

Y como bien dice Manuel Torres, el Cronista de la Heroica Ciudad de Ures:

“la memoria de cada pueblo va quedando registrada para forjar su propia historia, la que se entreteje con el hilado de los sucesos  diarios, con las voces de la comunidad, con el testimonio de la gente... Con todo aquello que forma la suave urdimbre de la llamada ¡crónica!

 

Y con don Carlos Mocada Ochoa periodista y escritor remataríamos: “En la crónica brilla la sabiduría popular y la fortaleza de nuestros abuelos y padres. En sus páginas reviven y caminan los varones en mangas de camisa, hacia el campo y el taller, mientras las mujeres, que todavía no hacían cuentas al marido sobre el valor económico de las tareas domésticas, embellecen y consolidan el hogar como fuente de valores”

 

Por eso quiero ser Cronista de mi ciudad, aquí nací y aquí moriré.